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Sonia fue hija de padres haitianos cortadores de caña de azúcar, nacida en un batey, donde una gran parte de la población apátrida de las personas dominicanas de ascendencia haitiana – cuyo número se estima entre 200,000 y 1 millón – ahora vive. A la edad de 13 años, comenzó su carrera de activista cuando organizó una protesta de cinco días para exigir mejores condiciones laborales y de vida para los trabajadores de caña de azúcar, lo que condujo a su arresto. Sin embargo, la protesta atrajo la suficiente atención pública para que cumplieran las demandas de los trabajadores: que pintaran sus viviendas, dispusieran de mejores herramientas y aumentaran los sueldos.

En 1983, Sonia fundó MUDHA, cuya meta original era luchar contra el prejuicio anti-haitiano y el sexismo. La organización empezó a implementar programas de salud, planificación familiar y educación en los bateyes crónicamente pobres y en estado de abandono por el Estado. El análisis de Sonia y MUDHA sobre la exclusión social ha sido interseccional desde el principio, prestando atención a las formas en que el género y la edad hacen que ciertos grupos de las personas migrantes haitianas y sus descendientes sean aún más vulnerables que otros. Su análisis y acciones correspondientes les han llevado a centrarse en las mujeres, los niños/as, los ancianos/as y las comunidades enteras que quedaron fuera de la ayuda de emergencia después de huracanes.

A partir de estas experiencias de servicio directo, Sonia y MUDHA se dieron cuenta de que el desarrollo no sería posible sin la integración social y, a su vez, la integración social no sería posible mientras que las personas dominicanas de ascendencia haitiana siguieran siendo apátridas. A partir de mediados de los años 90, la organización comenzó a brindar asistencia legal y acompañamiento a miles de personas apátridas, en un esfuerzo por regularizar su situación y obtener documentos de identidad legales.

Sonia era una activista incansable cuyo trabajo ha colocado la cuestión de la apatridia de los dominicanos/as de ascendencia haitiana en la República Dominicana en la agenda pública tanto en República Dominicana como en el extranjero. A menudo trabajaba hasta las 12 y la 1 de la madrugada, haciendo llamadas y organizando y conectando a las personas. Sus colegas en MUDHA se dieron cuenta del cansancio que esto le causaba y le aconsejaron que descansara, pero Sonia insistió:

No voy a descansar, aunque me quede en el camino, porque yo sé que la lucha seguirá. Algún día, tarde o temprano, el Estado tendrá que reconocer a estas ciudadanas y ciudadanos que crecen aquí apátridas, sin nacionalidad, sin un nombre, para que sean incluidas en esta sociedad dominicana.

Las denuncias públicas que Sonia hacía de las políticas del gobierno dominicano la llevaron a ser objeto de críticas y amenazas constantes, incluyendo la apertura de una investigación sobre la legitimidad de su acta de nacimiento, en un intento de revocar su nacionalidad y efectuar su deportación. Cuando sus dos hijos mayores cumplieron mayoría de edad y solicitaron su cédula, sus nombres fueron publicados en el periódico en una lista de personas acusadas de delitos tales como el fraude y el narcotráfico. En ese momento Sonia estaba en los EE.UU. recuperándose de su segunda cirugía a corazón abierto, y desobedeció las órdenes de los médicos con el fin de regresar a la República Dominicana para proteger a sus hijos de la difamación.

El trabajo incansable de Sonia le ganó el apoyo de una amplia gama de organizaciones internacionales. Recibió el Premio de Mujeres de Coraje en 2010 del Departamento de Estado de EE.UU., el Premio Robert F. Kennedy de Derechos Humanos en 2006, y el Premio de Derechos Humanos del Fondo Ginetta Sagan de Amnistía Internacional en el 2003. Ella y MUDHA fueron nominados para el Premio UNESCO de Educación para los Derechos Humanos en 2002.

En 2011, Sonia Pierre sufrió un infarto mortal a la edad de 48 años. Cuatro días más tarde, el personal de MUDHA, todavía de luto por la pérdida súbita de su líder visionaria, convocó una de las mayores concentraciones de personas de ascendencia haitiana, unas 3,000 personas, frente a la Corte Suprema de Justicia en Santo Domingo. Angustiadas, pero determinadas, las masas apátridas se manifestaron en el nombre de Sonia, en nombre de todos los dominicanos/as de ascendencia haitiana: “Siempre te recordaremos. ¡Nuestra lucha seguirá!” “Todas(os) somos dominicanas(os). Sonia Pierre, somos todas(os)”.

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